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¿Qué es la «male gaze» y cómo evitarla en nuestras historietas?

En el fascinante mundo del arte secuencial, los personajes femeninos han transitado un largo camino desde ser meros adornos visuales hasta convertirse en protagonistas complejas con historias propias. Sin embargo, persiste una sombra que ha marcado la representación de las mujeres en los cómics: la denominada «male gaze» o mirada masculina. Este fenómeno, que se extiende más allá de las viñetas y alcanza todos los medios visuales, determina cómo se construyen y representan los cuerpos femeninos, sus actitudes y su relevancia narrativa.

En este recorrido exploraremos los orígenes de este concepto, analizaremos ejemplos históricos y contemporáneos, y descubriremos cómo algunas obras revolucionarias están reimaginando la representación femenina en el mundo del cómic. Más importante aún, reflexionaremos sobre cómo nosotros, como artistas e ilustradores, podemos crear obras que rompan con estos estereotipos limitantes y construyan un universo visual más inclusivo y auténtico.

La mirada masculina: una lente que distorsiona

Una de las nociones que está revolucionando las representaciones artísticas en la actualidad es la denominada «male gaze». Durante décadas, esta perspectiva ha dominado como forma hegemónica de representación en las obras con soporte visual, definiendo una manera particular de expresar la corporalidad y comportamiento de las feminidades. Esta forma de retratar a las mujeres no es inocente: promueve la perpetuación de estereotipos y la estigmatización en sus atribuidos roles de género. La raíz del problema radica en que presenta a las mujeres no desde sus propias subjetividades, sino generalmente desde la cosificación y sexualización, respondiendo a un sistema patriarcal profundamente arraigado en nuestra cultura visual.

Fue Laura Mulvey quien acuñó esta denominación en 1973 al analizar producciones audiovisuales en su revolucionario ensayo «Visual Pleasure and Narrative Cinema». En este texto seminal, Mulvey argumentaba que las mujeres suelen mostrarse como objetos de deseo y placer, o como simples funciones en la narrativa de una obra, siempre desde el punto de vista de los artistas hombres que las conciben. Esta mirada no solo afecta la representación física, sino que determina el desarrollo narrativo y la profundidad psicológica que se les permite tener a estos personajes.

La ilustración y el cómic, al ser medios visuales por excelencia, han sido terrenos particularmente fértiles para la proliferación de esta mirada. Los trazos, los encuadres, las poses y las vestimentas de los personajes femeninos han estado históricamente determinados por lo que resulta placentero visualmente para un público presumiblemente masculino y heterosexual. ¿Te interesa perfeccionar tus ilustraciones con una perspectiva más equilibrada? Descubre recursos y técnicas aquí. Esta dinámica ha creado un lenguaje visual tan normalizado que muchas veces pasa desapercibido incluso para lectores y artistas que no se identificarían conscientemente con esta visión.

El Test de Bechdel: un termómetro para la representación femenina

Para evaluar la brecha de género en las producciones artísticas, es común hacer uso del «Test de Bechdel», mencionado por primera vez en «Dykes to Watch Out For» de Alison Bechdel en 1985. Este sencillo pero efectivo método se ha convertido en una herramienta fundamental para analizar la representación femenina en diversos medios, incluidos los cómics.

La regla es simple pero reveladora: para pasar el test, una obra debe constar de la aparición de al menos dos personajes femeninos que mantienen una conversación que no tiene nada que ver con un hombre. Esta premisa, que parece básica y fácil de cumplir, resulta sorprendentemente difícil de encontrar en muchas producciones culturales mainstream.

Un estudio realizado sobre películas nominadas a Mejor Película en los Premios Oscar entre 2000 y 2016 arrojó un dato alarmante: el 45% de las 108 películas analizadas no superaba este test. Esto significa que casi la mitad de las producciones cinematográficas más aclamadas de las últimas décadas ni siquiera presentan dos personajes femeninos conversando sobre algo que no sea un hombre.

Aplicado al mundo del cómic, el Test de Bechdel nos invita a reflexionar sobre cuántas de nuestras historietas favoritas cumplen con este criterio mínimo. Incluso en sagas extensas con múltiples personajes femeninos, resulta sorprendente cuán pocas veces estas interactúan entre sí de manera significativa sin que el eje de su conversación sea un personaje masculino.

Esta ausencia de interacciones genuinas entre personajes femeninos responde a una visión que no construye una identificación del público femenino, sino que impone las características que las mujeres «deben» tener para despertar el interés del género opuesto: ser jóvenes, bonitas, delgadas y, en muchos casos, sumisas o subordinadas a la trama masculina principal.

De viñetas y encuadres: la anatomía imposible en los cómics

En el lenguaje visual del cómic, la «male gaze» se materializa no solo en la narrativa sino en la representación física de los personajes femeninos. Los recursos visuales empleados para enfatizar ciertos atributos físicos se han convertido en un lenguaje propio dentro del medio. Los close-ups que frecuentemente se hacen de los cuerpos femeninos responden a un recorte según sus atributos físicos, transformando a los personajes en fragmentos visuales para el consumo visual.

Un fenómeno similar puede observarse en el cine de género slasher, donde las primeras mujeres atacadas tienen escenas intentando huir del asesino en circunstancias que pueden hacerlas llorar o gritar, pero jamás perder su belleza, porque deben cumplir las expectativas estéticas del público. Esta dinámica se traslada al cómic con particular intensidad debido a la naturaleza estática e intensamente visual del medio.

Los escorzos imposibles, las posturas anatómicamente inviables y la ropa que parece pintada sobre el cuerpo se han normalizado como convenciones del medio, especialmente en géneros como el de superhéroes. Estos elementos visuales no son neutrales: construyen una expectativa tanto para quienes leen como para quienes dibujan sobre lo que constituye una «representación adecuada» de los cuerpos femeninos.

La anatomía imposible de muchos personajes femeninos en los cómics configura un estándar inalcanzable que se presenta como la norma. Los pechos que desafían la gravedad, las cinturas extremadamente estrechas y las posturas que simultáneamente muestran el pecho y los glúteos (la famosa «pose de columna rota») son elementos tan arraigados en el lenguaje visual del cómic que muchas veces pasan desapercibidos. Sin embargo, estas representaciones tienen un impacto real en la percepción de los cuerpos y en la autoestima de lectoras y lectores.

Mary Jane Watson: el arquetipo de la «male gaze» en los cómics de superhéroes

En las representaciones historietísticas, la «male gaze» ha encontrado un terreno particularmente fértil en las narraciones de superhéroes. Un caso emblemático es el de Mary Jane Watson, introducida inicialmente como el interés romántico de Peter Parker, nuestro amigable vecino Spider-Man.

Los paneles que podemos observar a continuación son del número 42 de «The Amazing Spider-Man», escrito por Stan Lee y John Romita, y publicado en 1963. Esta secuencia representa la primera aparición de Mary Jane en la vida de Peter Parker, constituyendo su presentación como personaje tanto dentro de la narrativa como del universo arácnido.

Primera aparición de Mary Jane Watson en Amazing Spider-Man #42

Esta secuencia clásica de Mary Jane cumple todos los requisitos canónicos de la «male gaze». En la primera viñeta de la izquierda, el rostro de Peter aparece sonrojado y rodeado de los indicadores gráficos de sorpresa. Su globo de diálogo expresa una ingenuidad calculada: «no puede ser que una mujer así exista». En el siguiente cuadro, lo observamos con expresión estupefacta y boca semiabierta, gestos reforzados por su mirada dirigida claramente hacia los senos de la mujer. Esta reacción no es casual: la mirada de Peter funciona como sustituto y guía para la mirada esperada por parte de los lectores.

Por su parte, Mary Jane se presenta mediante una serie de atributos visuales cuidadosamente seleccionados: figura delgada pero voluptuosa, vestimenta ajustada, dedos finos, mirada penetrante y labios rojos a juego con su cabello. La composición visual está diseñada para que ella sea percibida como un premio, un objeto de deseo. Su célebre frase «Face it, tiger… you just hit the jackpot!» («Acéptalo, tigre… ¡te sacaste la lotería!») refuerza esta idea: estar con una mujer así es presentado como conseguir un trofeo para exhibir ante otros hombres. La frase, además, connota una clara intención de seducción que facilita la cosificación y sexualización por parte del lectorado.

Este tratamiento del personaje femenino es particularmente revelador si consideramos que se trata de su primera aparición. No se nos presenta quién es Mary Jane como persona, cuáles son sus intereses o aspiraciones; se nos muestra fundamentalmente cómo luce y cómo reacciona Peter (y por extensión, cómo deberíamos reaccionar nosotros) ante su apariencia física.

La «male gaze» aquí no solo estereotipa sino que también establece los parámetros de belleza esperados de la mujer en el universo narrativo. Mary Jane se convierte no solo en objeto de deseo sino también en un modelo aspiracional. Este doble efecto puede resultar particularmente perjudicial para el público femenino, ya que presenta como normativa una corporalidad idealizada, generando presiones estéticas y estableciendo la competencia por la atención masculina como un valor central.

De los 60 al siglo XXI: la persistencia de la mirada masculina

Podríamos pensar que la representación de Mary Jane es simplemente un síntoma de la época en que fue creada, un reflejo de los valores de los años 60. Sin embargo, décadas después, esta perspectiva sigue vigente en numerosos cómics contemporáneos, demostrando la persistencia de estas convenciones visuales y narrativas.

Un ejemplo ilustrativo es el caso de Atom Eve, personaje femenino de «Invincible», serie creada por Robert Kirkman y Cory Walker que comenzó a publicarse en 2003. A pesar de ser una obra del siglo XXI y contar con una superheroína poderosa, Atom Eve no escapa a las convenciones de la «male gaze».

Representación de Atom Eve en Invincible

Al examinar esta página, resulta evidente qué elementos se están priorizando visualmente. Atom Eve aparece en una posición anatómicamente improbable: de espaldas pero simultáneamente girada para que podamos observar perfectamente el perfil de sus senos. Su traje, ajustado y revelador, destaca sus atributos físicos a pesar de la peligrosidad de las situaciones a las que habitualmente se enfrenta en la historia. La postura en «S» que adopta, estilizando artificialmente su figura, sería físicamente imposible de mantener en la vida real sin graves consecuencias para la columna vertebral.

Lo que hace particularmente significativo este ejemplo es que se trata de una obra relativamente reciente, creada en un contexto donde ya existía una conciencia y un debate sobre estas formas de representación. Esto demuestra cuán profundamente internalizadas están estas convenciones visuales, hasta el punto de que muchas veces no las cuestionamos cuando las consumimos o reproducimos en nuestras propias creaciones. ¿Quieres desarrollar estilos de dibujo que rompan con estos estereotipos? Explora nuevas posibilidades creativas aquí.

Cabe destacar que lo problemático no es necesariamente la sensualidad o el atractivo de los personajes, sino la desigualdad en cómo se representan los cuerpos femeninos y masculinos, y cómo estas representaciones reflejan y refuerzan dinámicas de poder más amplias. Mientras los personajes masculinos tienden a ser representados en posturas que denotan poder, acción y agencia, las mujeres a menudo aparecen en poses que priorizan la exhibición de sus atributos físicos por encima de su participación en la acción narrativa.

Más allá de la estética: implicaciones sociales y narrativas

Lo que subyace a la «male gaze» trasciende lo puramente visual; tiene que ver con una forma de ver y entender a las mujeres como sujetos sociales. Esta estigmatización ha generado que, durante mucho tiempo, se espere la reproducción de esos mismos personajes y funciones en las obras mainstream, creando un ciclo de expectativas y representaciones que se refuerzan mutuamente.

Esta dinámica no solo tiene implicaciones políticas en relación a qué público nos dirigimos, sino que, también, empobrece significativamente nuestros productos creativos. Al utilizar una y otra vez figuras cristalizadas y roles predefinidos, estamos limitando nuestra capacidad de innovación y originalidad narrativa. Los personajes femeninos estereotipados no solo son problemáticos desde una perspectiva de representación, sino que también resultan previsibles y planos desde un punto de vista puramente narrativo.

Para adaptarnos a las nuevas demografías y enriquecer nuestras historias, debemos considerar quiénes son realmente las personas que nos leen. Entre ellas hay un número creciente de niñas y mujeres que no se sienten identificadas ni interpeladas por historietas que, consciente o inconscientemente, están concebidas por hombres y para hombres.

Más allá de consideraciones comerciales, está la responsabilidad ética de los creadores. Las representaciones visuales no son inocuas: construyen imaginarios, refuerzan o cuestionan estereotipos, y pueden influir en cómo las personas se perciben a sí mismas y a los demás. Crear personajes femeninos tridimensionales, con agencia propia y representaciones corporales diversas, no es solo una cuestión de corrección política, sino una oportunidad para expandir nuestro horizonte creativo y conectar con una audiencia más amplia y diversa.

Hacia una nueva mirada: el surgimiento de la «female gaze»

Gracias al avance en los debates sobre igualdad de género, la «male gaze» ha sido cada vez más estudiada, criticada y revisada en múltiples ámbitos artísticos. Como respuesta, han surgido producciones que conscientemente evitan esta perspectiva tradicional, reivindicando una mirada que resulte más inclusiva con el público femenino y las identidades no binarias.

Esta propuesta alternativa, conocida como «female gaze» o mirada femenina, no se limita simplemente a invertir los roles y objetificar a los personajes masculinos. Por el contrario, busca otorgar agencia a los personajes femeninos de modo que no puedan reducirse a sus cualidades físicas ni a la sumisión y pasividad características de la corriente tradicional.

La «female gaze» contribuye a destacar cualidades que no tienen que ver necesariamente con la sexualización y cosificación para un otro, sino para la expresión propia del personaje. Estos personajes pueden ser mujeres con poder, personalidades fuertes, cuerpos diversos (hegemónicos o no), con deseo sexual explícito o sin él, lo que permite que tengan más dimensiones y generen historias más desarrolladas y complejas.

Es importante aclarar que la «female gaze» no implica la ausencia de sensualidad o atracción física, sino un cambio en cómo se presentan y contextualizan estos elementos. La sexualidad y el atractivo pueden estar presentes, pero como expresiones de la agencia del personaje y no como su característica definitoria o como un espectáculo para la mirada externa. Potencia tu habilidad para crear personajes con profundidad y autenticidad accediendo a recursos especializados aquí.

Algunas características comunes de la «female gaze» en el cómic incluyen:

  • Personajes femeninos que llevan la iniciativa en la trama
  • Representaciones corporales diversas y realistas
  • Vestuario funcional y coherente con la personalidad y actividades del personaje
  • Poses naturales que priorizan la expresión emocional y la acción sobre la exhibición física
  • Relaciones complejas entre personajes femeninos (amistad, rivalidad, mentoría, etc.) independientes de los personajes masculinos
  • Escenas románticas o sexuales que muestran el deseo y el placer femeninos como activos, no como respuestas pasivas

Saga: un brillante ejemplo de la «female gaze» en acción

Una de las historietas más aclamadas de los últimos años es «Saga», ganadora de tres Premios Eisner y un Hugo. Este fascinante space opera creado por Brian K. Vaughan e ilustrado por Fiona Staples representa un excelente caso de estudio sobre cómo implementar la «female gaze» de manera efectiva y artísticamente poderosa.

La trama sigue a Alana y Marko, seres de dos razas distintas en guerra que se enamoran, tienen una hija y deben huir a través del espacio de quienes pretenden cazarlos. A pesar de incluir una considerable dosis de romance y escenas sexuales, el modo de representarlas difiere radicalmente de lo que hemos analizado anteriormente.

Un primer elemento distintivo es la voz narrativa: la historia está relatada por Hazel, la hija de la pareja protagonista, quien desde el futuro nos cuenta las aventuras y hazañas de sus padres. Esta decisión narrativa ya establece una perspectiva diferente, una mirada que humaniza a los personajes y prioriza los vínculos familiares y afectivos por sobre la exhibición de cuerpos.

Escena de beso familiar en Saga

En esta viñeta que ocupa una página completa, podemos apreciar un beso entre Alana y Marko ocupando el centro de la composición. A diferencia de lo que veríamos en una obra dominada por la «male gaze», no hay aquí posiciones extrañas que deforman el cuerpo femenino para destacar ciertos atributos físicos. En lugar de eso, nuestros personajes se abrazan con su hija, creando un plano conjunto que expresa unidad familiar y afecto genuino.

Esta escena no busca despertar un deseo sexual en quien la contempla, sino representar un momento íntimo de amor entre individuos complejos con una historia compartida. Esta intención se refuerza con un recurso visual sutil pero efectivo: en el fondo se distinguen bestias de ojos rojos que amenazan a la familia, pero desde este encuadre particular se asemejan a mariposas o corazones, símbolos tradicionales del romance, generando una ambigüedad visual que enriquece la lectura.

Otro aspecto notable en «Saga» es el tratamiento de los cuerpos y la vestimenta. A pesar de que los protagonistas podrían considerarse físicamente atractivos según estándares convencionales, sus cuerpos no son hipersexualizados ni exhibidos gratuitamente. La ropa que utilizan responde a necesidades prácticas dentro del universo narrativo, y no está diseñada primordialmente para destacar atributos físicos.

Secuencia de acercamiento romántico en Saga

La composición de esta página ejemplifica magistralmente la esencia de la «female gaze». Observemos cómo los cuerpos de Alana y Marko se van aproximando progresivamente de una viñeta a otra, con encuadres que se cierran gradualmente hasta mostrarnos unos primeros planos de gran intensidad emocional. Lo más significativo es que los personajes se miran directamente a los ojos, estableciendo una conexión íntima que trasciende lo puramente físico.

El beso que culmina la secuencia ocupa un lugar destacado, expresando más romanticismo y complicidad emocional que deseo sexual explícito, aunque la tensión romántica ha venido construyéndose narrativamente desde mucho antes en la historia. Esta gradualidad y contexto emocional son características fundamentales de la «female gaze»: el deseo no surge como una reacción instantánea ante la exhibición de un cuerpo, sino como culminación de una conexión emocional desarrollada a lo largo del tiempo.

«Saga» demuestra que es posible crear una obra visualmente impactante, con relaciones románticas y sexuales explícitas, sin caer en los tropos limitantes de la «male gaze». El éxito comercial y crítico de la serie prueba, además, que este enfoque no solo es éticamente más inclusivo, sino también comercialmente viable y artísticamente enriquecedor. Descubre cómo crear secuencias narrativas visualmente impactantes y emocionalmente profundas aquí.

Reimaginando personajes clásicos: cuando la revisión enriquece

Un fenómeno interesante en la evolución del cómic contemporáneo es la reinterpretación de personajes femeninos clásicos originalmente concebidos bajo la «male gaze». Estas revisiones no solo actualizan la estética visual, sino que frecuentemente profundizan en la psicología y motivaciones de estos personajes, otorgándoles dimensiones que originalmente les fueron negadas.

Tomemos por ejemplo la evolución de personajes como Wonder Woman, que ha transitado desde sus primeras apariciones con vestuarios reveladores y poses sugerentes, hacia representaciones más equilibradas donde su fuerza, liderazgo e intelecto toman protagonismo. Las interpretaciones modernas de la Mujer Maravilla tienden a mostrarla con armaduras funcionales para el combate y en poses dinámicas que enfatizan su poder y determinación, no su atractivo sexual.

Otro caso notable es el de personajes como Barbara Gordon/Batgirl o Carol Danvers/Capitana Marvel, quienes han evolucionado desde roles secundarios o trajes hipersexualizados hacia representaciones donde su inteligencia, capacidad estratégica y liderazgo son centrales. Sus uniformes actuales suelen ser más prácticos y acordes a sus actividades, y sus historias exploran dimensiones personales y profesionales más allá de sus relaciones románticas.

Incluso Mary Jane Watson, el ejemplo que analizamos anteriormente, ha recibido reinterpretaciones más complejas en algunas series modernas, donde se explora su carrera como actriz, sus ambiciones personales y su relación con Peter Parker desde una perspectiva más equilibrada y madura.

Estas evoluciones no implican negar la sexualidad o el atractivo de los personajes, sino contextualizarlos dentro de personalidades complejas y multidimensionales. La belleza o el atractivo físico pueden seguir siendo atributos del personaje, pero ya no son su característica definitoria ni el centro de su representación visual.

Lo valioso de estas reinterpretaciones es que demuestran que los personajes no pierden interés o popularidad al ser tratados con mayor profundidad; por el contrario, suelen ganar seguidores que aprecian estas nuevas dimensiones narrativas. Esto confirma que el público contemporáneo está cada vez más receptivo a representaciones femeninas complejas y diversas, no limitadas por los tropos tradicionales de la «male gaze».

Herramientas prácticas para ilustradores: más allá de la teoría

Una vez comprendidos los conceptos teóricos, surge la pregunta práctica: ¿cómo podemos aplicar estos conocimientos en nuestro trabajo creativo? A continuación, presentamos algunas herramientas y consideraciones concretas para ilustradores e historietistas que deseen crear obras con representaciones más equilibradas y auténticas.

Un primer paso fundamental es desarrollar la capacidad de reconocer la «male gaze» en nuestro propio trabajo. Esto implica una revisión crítica de nuestros hábitos de dibujo, preguntándonos si estamos recurriendo a convencionalismos que objetifican a los personajes femeninos. ¿Dibujamos a las mujeres en poses imposibles para destacar simultáneamente pechos y glúteos? ¿Sus vestimentas son funcionales y coherentes con sus personalidades y actividades? ¿Las reacciones masculinas a su presencia están sexualizadas innecesariamente? Profundiza en técnicas avanzadas para crear personajes memorables más allá de los estereotipos aquí.

La diversidad corporal es otro aspecto fundamental a considerar. El mundo real está poblado por personas con una infinita variedad de tipos corporales, tonos de piel, edades y características físicas. Reflejar esta diversidad en nuestras ilustraciones no solo es más representativo de la realidad, sino que también enriquece visualmente nuestras obras y permite a un público más amplio sentirse identificado con nuestros personajes.

Respecto a las poses y la expresión corporal, es útil preguntarse: ¿esta postura es física y emocionalmente coherente con lo que el personaje está experimentando en este momento? ¿O está diseñada principalmente para la exhibición visual? Las poses que priorizan la expresividad emocional y la acción narrativa suelen resultar más dinámicas e interesantes que aquellas que solo buscan destacar atributos físicos.

En cuanto a la vestimenta, considerar la funcionalidad y coherencia con el personaje puede guiar decisiones más acertadas. Un personaje que combate regularmente necesitará ropa que permita movimiento y ofrezca protección. Una profesional en un entorno laboral específico utilizará atuendos acordes a ese contexto. Estos elementos pueden seguir siendo estéticamente atractivos y distintivos sin caer en la hipersexualización gratuita.

Finalmente, el equilibrio en los encuadres y planos utilizados resulta crucial. Evaluar si estamos recurriendo excesivamente a primeros planos de ciertas partes del cuerpo femenino sin justificación narrativa puede revelar sesgos inconscientes en nuestra manera de construir la secuencia visual.

¡A narrar con una mirada renovada!

A lo largo de este recorrido, hemos explorado la implementación, perjuicios y restricciones de la «male gaze», tanto desde el punto de vista de la recepción como desde la perspectiva artística. La conclusión es clara: abrir nuestro horizonte creativo a formas de representación más diversas e inclusivas no solo es una responsabilidad ética, sino también una oportunidad para enriquecer nuestras obras y conectar con una audiencia más amplia y diversa.

Podemos concluir que es recomendable proponer alternativas a la mirada tradicional para ampliar nuestra demografía y demostrar nuestra capacidad de actualizar el lenguaje de la historieta. El mundo del cómic está en constante evolución, y las nuevas generaciones de lectores y creadoras están impulsando cambios significativos en cómo se representan los personajes femeninos y las relaciones de género.

Este proceso no implica renunciar a la belleza, la sensualidad o el romance en nuestras historias, sino enriquecerlos con mayor profundidad psicológica, diversidad de representaciones y respeto por la integridad de todos nuestros personajes, independientemente de su género. ¿Listo para llevar tus habilidades narrativas e ilustrativas al siguiente nivel? Encuentra inspiración y recursos prácticos aquí.

Para concluir, ofrecemos algunas preguntas clave que pueden servir como guía para crear obras que propongan innovaciones e integraciones a la hora de representar y narrar:

  • ¿Quiénes serán mis personajes femeninos y cuál será su complejidad psicológica más allá de su apariencia?
  • ¿Cuáles serán sus roles en mi historia? ¿Tienen agencia propia y motivaciones que trascienden a los personajes masculinos?
  • ¿Cómo será su primera aparición y qué aspectos de su personalidad, no solo de su físico, quiero destacar inicialmente?
  • ¿De qué hablarán con otros personajes, especialmente con otros personajes femeninos?
  • ¿Qué fortalezas y debilidades tendrán que no repitan estereotipos y estigmatizaciones?
  • ¿Cómo las mostraré visualmente de manera que respete su integridad como personajes completos?
  • ¿Cómo reaccionarán los personajes masculinos al verlas, más allá de la atracción o rechazo basados en la apariencia?
  • ¿Cómo representaré sus cuerpos y en qué poses los colocaré para que expresen su esencia y no los expongan innecesariamente?
  • ¿Qué vestimenta utilizarán que sea coherente con su personalidad y actividades, evitando la cosificación gratuita?
  • Si surge una situación de tensión sexual, ¿cómo la ilustraré para que ambas partes sean participantes activos y no reproduzca el binomio conquistador/conquistada?

Estas preguntas no buscan limitar la creatividad sino expandirla, invitándonos a explorar territorios narrativos y visuales que quizás no habíamos considerado anteriormente. La diversificación de miradas y perspectivas solo puede enriquecer nuestro medio y hacerlo más relevante para el mundo contemporáneo.

Con estas reflexiones como punto de partida para la creación y la ilustración, descubre herramientas y recursos que te inspirarán a crear personajes genuinos y auténticos. Es tu turno de narrar con una mirada renovada, consciente y enriquecedora.

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¿Qué es la «male gaze» y cómo evitarla en nuestras historietas?

En el fascinante mundo del arte secuencial, los personajes femeninos han transitado un largo camino desde ser meros adornos visuales hasta convertirse en protagonistas complejas con historias propias. Sin embargo, persiste una sombra que ha marcado la representación de las mujeres en los cómics: la denominada «male gaze» o mirada masculina. Este fenómeno, que se extiende más allá de las viñetas y alcanza todos los medios visuales, determina cómo se construyen y representan los cuerpos femeninos, sus actitudes y su relevancia narrativa.

En este recorrido exploraremos los orígenes de este concepto, analizaremos ejemplos históricos y contemporáneos, y descubriremos cómo algunas obras revolucionarias están reimaginando la representación femenina en el mundo del cómic. Más importante aún, reflexionaremos sobre cómo nosotros, como artistas e ilustradores, podemos crear obras que rompan con estos estereotipos limitantes y construyan un universo visual más inclusivo y auténtico.

La mirada masculina: una lente que distorsiona

Una de las nociones que está revolucionando las representaciones artísticas en la actualidad es la denominada «male gaze». Durante décadas, esta perspectiva ha dominado como forma hegemónica de representación en las obras con soporte visual, definiendo una manera particular de expresar la corporalidad y comportamiento de las feminidades. Esta forma de retratar a las mujeres no es inocente: promueve la perpetuación de estereotipos y la estigmatización en sus atribuidos roles de género. La raíz del problema radica en que presenta a las mujeres no desde sus propias subjetividades, sino generalmente desde la cosificación y sexualización, respondiendo a un sistema patriarcal profundamente arraigado en nuestra cultura visual.

Fue Laura Mulvey quien acuñó esta denominación en 1973 al analizar producciones audiovisuales en su revolucionario ensayo «Visual Pleasure and Narrative Cinema». En este texto seminal, Mulvey argumentaba que las mujeres suelen mostrarse como objetos de deseo y placer, o como simples funciones en la narrativa de una obra, siempre desde el punto de vista de los artistas hombres que las conciben. Esta mirada no solo afecta la representación física, sino que determina el desarrollo narrativo y la profundidad psicológica que se les permite tener a estos personajes.

La ilustración y el cómic, al ser medios visuales por excelencia, han sido terrenos particularmente fértiles para la proliferación de esta mirada. Los trazos, los encuadres, las poses y las vestimentas de los personajes femeninos han estado históricamente determinados por lo que resulta placentero visualmente para un público presumiblemente masculino y heterosexual. ¿Te interesa perfeccionar tus ilustraciones con una perspectiva más equilibrada? Descubre recursos y técnicas aquí. Esta dinámica ha creado un lenguaje visual tan normalizado que muchas veces pasa desapercibido incluso para lectores y artistas que no se identificarían conscientemente con esta visión.

El Test de Bechdel: un termómetro para la representación femenina

Para evaluar la brecha de género en las producciones artísticas, es común hacer uso del «Test de Bechdel», mencionado por primera vez en «Dykes to Watch Out For» de Alison Bechdel en 1985. Este sencillo pero efectivo método se ha convertido en una herramienta fundamental para analizar la representación femenina en diversos medios, incluidos los cómics.

La regla es simple pero reveladora: para pasar el test, una obra debe constar de la aparición de al menos dos personajes femeninos que mantienen una conversación que no tiene nada que ver con un hombre. Esta premisa, que parece básica y fácil de cumplir, resulta sorprendentemente difícil de encontrar en muchas producciones culturales mainstream.

Un estudio realizado sobre películas nominadas a Mejor Película en los Premios Oscar entre 2000 y 2016 arrojó un dato alarmante: el 45% de las 108 películas analizadas no superaba este test. Esto significa que casi la mitad de las producciones cinematográficas más aclamadas de las últimas décadas ni siquiera presentan dos personajes femeninos conversando sobre algo que no sea un hombre.

Aplicado al mundo del cómic, el Test de Bechdel nos invita a reflexionar sobre cuántas de nuestras historietas favoritas cumplen con este criterio mínimo. Incluso en sagas extensas con múltiples personajes femeninos, resulta sorprendente cuán pocas veces estas interactúan entre sí de manera significativa sin que el eje de su conversación sea un personaje masculino.

Esta ausencia de interacciones genuinas entre personajes femeninos responde a una visión que no construye una identificación del público femenino, sino que impone las características que las mujeres «deben» tener para despertar el interés del género opuesto: ser jóvenes, bonitas, delgadas y, en muchos casos, sumisas o subordinadas a la trama masculina principal.

De viñetas y encuadres: la anatomía imposible en los cómics

En el lenguaje visual del cómic, la «male gaze» se materializa no solo en la narrativa sino en la representación física de los personajes femeninos. Los recursos visuales empleados para enfatizar ciertos atributos físicos se han convertido en un lenguaje propio dentro del medio. Los close-ups que frecuentemente se hacen de los cuerpos femeninos responden a un recorte según sus atributos físicos, transformando a los personajes en fragmentos visuales para el consumo visual.

Un fenómeno similar puede observarse en el cine de género slasher, donde las primeras mujeres atacadas tienen escenas intentando huir del asesino en circunstancias que pueden hacerlas llorar o gritar, pero jamás perder su belleza, porque deben cumplir las expectativas estéticas del público. Esta dinámica se traslada al cómic con particular intensidad debido a la naturaleza estática e intensamente visual del medio.

Los escorzos imposibles, las posturas anatómicamente inviables y la ropa que parece pintada sobre el cuerpo se han normalizado como convenciones del medio, especialmente en géneros como el de superhéroes. Estos elementos visuales no son neutrales: construyen una expectativa tanto para quienes leen como para quienes dibujan sobre lo que constituye una «representación adecuada» de los cuerpos femeninos.

La anatomía imposible de muchos personajes femeninos en los cómics configura un estándar inalcanzable que se presenta como la norma. Los pechos que desafían la gravedad, las cinturas extremadamente estrechas y las posturas que simultáneamente muestran el pecho y los glúteos (la famosa «pose de columna rota») son elementos tan arraigados en el lenguaje visual del cómic que muchas veces pasan desapercibidos. Sin embargo, estas representaciones tienen un impacto real en la percepción de los cuerpos y en la autoestima de lectoras y lectores.

Mary Jane Watson: el arquetipo de la «male gaze» en los cómics de superhéroes

En las representaciones historietísticas, la «male gaze» ha encontrado un terreno particularmente fértil en las narraciones de superhéroes. Un caso emblemático es el de Mary Jane Watson, introducida inicialmente como el interés romántico de Peter Parker, nuestro amigable vecino Spider-Man.

Los paneles que podemos observar a continuación son del número 42 de «The Amazing Spider-Man», escrito por Stan Lee y John Romita, y publicado en 1963. Esta secuencia representa la primera aparición de Mary Jane en la vida de Peter Parker, constituyendo su presentación como personaje tanto dentro de la narrativa como del universo arácnido.

Primera aparición de Mary Jane Watson en Amazing Spider-Man #42

Esta secuencia clásica de Mary Jane cumple todos los requisitos canónicos de la «male gaze». En la primera viñeta de la izquierda, el rostro de Peter aparece sonrojado y rodeado de los indicadores gráficos de sorpresa. Su globo de diálogo expresa una ingenuidad calculada: «no puede ser que una mujer así exista». En el siguiente cuadro, lo observamos con expresión estupefacta y boca semiabierta, gestos reforzados por su mirada dirigida claramente hacia los senos de la mujer. Esta reacción no es casual: la mirada de Peter funciona como sustituto y guía para la mirada esperada por parte de los lectores.

Por su parte, Mary Jane se presenta mediante una serie de atributos visuales cuidadosamente seleccionados: figura delgada pero voluptuosa, vestimenta ajustada, dedos finos, mirada penetrante y labios rojos a juego con su cabello. La composición visual está diseñada para que ella sea percibida como un premio, un objeto de deseo. Su célebre frase «Face it, tiger… you just hit the jackpot!» («Acéptalo, tigre… ¡te sacaste la lotería!») refuerza esta idea: estar con una mujer así es presentado como conseguir un trofeo para exhibir ante otros hombres. La frase, además, connota una clara intención de seducción que facilita la cosificación y sexualización por parte del lectorado.

Este tratamiento del personaje femenino es particularmente revelador si consideramos que se trata de su primera aparición. No se nos presenta quién es Mary Jane como persona, cuáles son sus intereses o aspiraciones; se nos muestra fundamentalmente cómo luce y cómo reacciona Peter (y por extensión, cómo deberíamos reaccionar nosotros) ante su apariencia física.

La «male gaze» aquí no solo estereotipa sino que también establece los parámetros de belleza esperados de la mujer en el universo narrativo. Mary Jane se convierte no solo en objeto de deseo sino también en un modelo aspiracional. Este doble efecto puede resultar particularmente perjudicial para el público femenino, ya que presenta como normativa una corporalidad idealizada, generando presiones estéticas y estableciendo la competencia por la atención masculina como un valor central.

De los 60 al siglo XXI: la persistencia de la mirada masculina

Podríamos pensar que la representación de Mary Jane es simplemente un síntoma de la época en que fue creada, un reflejo de los valores de los años 60. Sin embargo, décadas después, esta perspectiva sigue vigente en numerosos cómics contemporáneos, demostrando la persistencia de estas convenciones visuales y narrativas.

Un ejemplo ilustrativo es el caso de Atom Eve, personaje femenino de «Invincible», serie creada por Robert Kirkman y Cory Walker que comenzó a publicarse en 2003. A pesar de ser una obra del siglo XXI y contar con una superheroína poderosa, Atom Eve no escapa a las convenciones de la «male gaze».

Representación de Atom Eve en Invincible

Al examinar esta página, resulta evidente qué elementos se están priorizando visualmente. Atom Eve aparece en una posición anatómicamente improbable: de espaldas pero simultáneamente girada para que podamos observar perfectamente el perfil de sus senos. Su traje, ajustado y revelador, destaca sus atributos físicos a pesar de la peligrosidad de las situaciones a las que habitualmente se enfrenta en la historia. La postura en «S» que adopta, estilizando artificialmente su figura, sería físicamente imposible de mantener en la vida real sin graves consecuencias para la columna vertebral.

Lo que hace particularmente significativo este ejemplo es que se trata de una obra relativamente reciente, creada en un contexto donde ya existía una conciencia y un debate sobre estas formas de representación. Esto demuestra cuán profundamente internalizadas están estas convenciones visuales, hasta el punto de que muchas veces no las cuestionamos cuando las consumimos o reproducimos en nuestras propias creaciones. ¿Quieres desarrollar estilos de dibujo que rompan con estos estereotipos? Explora nuevas posibilidades creativas aquí.

Cabe destacar que lo problemático no es necesariamente la sensualidad o el atractivo de los personajes, sino la desigualdad en cómo se representan los cuerpos femeninos y masculinos, y cómo estas representaciones reflejan y refuerzan dinámicas de poder más amplias. Mientras los personajes masculinos tienden a ser representados en posturas que denotan poder, acción y agencia, las mujeres a menudo aparecen en poses que priorizan la exhibición de sus atributos físicos por encima de su participación en la acción narrativa.

Más allá de la estética: implicaciones sociales y narrativas

Lo que subyace a la «male gaze» trasciende lo puramente visual; tiene que ver con una forma de ver y entender a las mujeres como sujetos sociales. Esta estigmatización ha generado que, durante mucho tiempo, se espere la reproducción de esos mismos personajes y funciones en las obras mainstream, creando un ciclo de expectativas y representaciones que se refuerzan mutuamente.

Esta dinámica no solo tiene implicaciones políticas en relación a qué público nos dirigimos, sino que, también, empobrece significativamente nuestros productos creativos. Al utilizar una y otra vez figuras cristalizadas y roles predefinidos, estamos limitando nuestra capacidad de innovación y originalidad narrativa. Los personajes femeninos estereotipados no solo son problemáticos desde una perspectiva de representación, sino que también resultan previsibles y planos desde un punto de vista puramente narrativo.

Para adaptarnos a las nuevas demografías y enriquecer nuestras historias, debemos considerar quiénes son realmente las personas que nos leen. Entre ellas hay un número creciente de niñas y mujeres que no se sienten identificadas ni interpeladas por historietas que, consciente o inconscientemente, están concebidas por hombres y para hombres.

Más allá de consideraciones comerciales, está la responsabilidad ética de los creadores. Las representaciones visuales no son inocuas: construyen imaginarios, refuerzan o cuestionan estereotipos, y pueden influir en cómo las personas se perciben a sí mismas y a los demás. Crear personajes femeninos tridimensionales, con agencia propia y representaciones corporales diversas, no es solo una cuestión de corrección política, sino una oportunidad para expandir nuestro horizonte creativo y conectar con una audiencia más amplia y diversa.

Hacia una nueva mirada: el surgimiento de la «female gaze»

Gracias al avance en los debates sobre igualdad de género, la «male gaze» ha sido cada vez más estudiada, criticada y revisada en múltiples ámbitos artísticos. Como respuesta, han surgido producciones que conscientemente evitan esta perspectiva tradicional, reivindicando una mirada que resulte más inclusiva con el público femenino y las identidades no binarias.

Esta propuesta alternativa, conocida como «female gaze» o mirada femenina, no se limita simplemente a invertir los roles y objetificar a los personajes masculinos. Por el contrario, busca otorgar agencia a los personajes femeninos de modo que no puedan reducirse a sus cualidades físicas ni a la sumisión y pasividad características de la corriente tradicional.

La «female gaze» contribuye a destacar cualidades que no tienen que ver necesariamente con la sexualización y cosificación para un otro, sino para la expresión propia del personaje. Estos personajes pueden ser mujeres con poder, personalidades fuertes, cuerpos diversos (hegemónicos o no), con deseo sexual explícito o sin él, lo que permite que tengan más dimensiones y generen historias más desarrolladas y complejas.

Es importante aclarar que la «female gaze» no implica la ausencia de sensualidad o atracción física, sino un cambio en cómo se presentan y contextualizan estos elementos. La sexualidad y el atractivo pueden estar presentes, pero como expresiones de la agencia del personaje y no como su característica definitoria o como un espectáculo para la mirada externa. Potencia tu habilidad para crear personajes con profundidad y autenticidad accediendo a recursos especializados aquí.

Algunas características comunes de la «female gaze» en el cómic incluyen:

  • Personajes femeninos que llevan la iniciativa en la trama
  • Representaciones corporales diversas y realistas
  • Vestuario funcional y coherente con la personalidad y actividades del personaje
  • Poses naturales que priorizan la expresión emocional y la acción sobre la exhibición física
  • Relaciones complejas entre personajes femeninos (amistad, rivalidad, mentoría, etc.) independientes de los personajes masculinos
  • Escenas románticas o sexuales que muestran el deseo y el placer femeninos como activos, no como respuestas pasivas

Saga: un brillante ejemplo de la «female gaze» en acción

Una de las historietas más aclamadas de los últimos años es «Saga», ganadora de tres Premios Eisner y un Hugo. Este fascinante space opera creado por Brian K. Vaughan e ilustrado por Fiona Staples representa un excelente caso de estudio sobre cómo implementar la «female gaze» de manera efectiva y artísticamente poderosa.

La trama sigue a Alana y Marko, seres de dos razas distintas en guerra que se enamoran, tienen una hija y deben huir a través del espacio de quienes pretenden cazarlos. A pesar de incluir una considerable dosis de romance y escenas sexuales, el modo de representarlas difiere radicalmente de lo que hemos analizado anteriormente.

Un primer elemento distintivo es la voz narrativa: la historia está relatada por Hazel, la hija de la pareja protagonista, quien desde el futuro nos cuenta las aventuras y hazañas de sus padres. Esta decisión narrativa ya establece una perspectiva diferente, una mirada que humaniza a los personajes y prioriza los vínculos familiares y afectivos por sobre la exhibición de cuerpos.

Escena de beso familiar en Saga

En esta viñeta que ocupa una página completa, podemos apreciar un beso entre Alana y Marko ocupando el centro de la composición. A diferencia de lo que veríamos en una obra dominada por la «male gaze», no hay aquí posiciones extrañas que deforman el cuerpo femenino para destacar ciertos atributos físicos. En lugar de eso, nuestros personajes se abrazan con su hija, creando un plano conjunto que expresa unidad familiar y afecto genuino.

Esta escena no busca despertar un deseo sexual en quien la contempla, sino representar un momento íntimo de amor entre individuos complejos con una historia compartida. Esta intención se refuerza con un recurso visual sutil pero efectivo: en el fondo se distinguen bestias de ojos rojos que amenazan a la familia, pero desde este encuadre particular se asemejan a mariposas o corazones, símbolos tradicionales del romance, generando una ambigüedad visual que enriquece la lectura.

Otro aspecto notable en «Saga» es el tratamiento de los cuerpos y la vestimenta. A pesar de que los protagonistas podrían considerarse físicamente atractivos según estándares convencionales, sus cuerpos no son hipersexualizados ni exhibidos gratuitamente. La ropa que utilizan responde a necesidades prácticas dentro del universo narrativo, y no está diseñada primordialmente para destacar atributos físicos.

Secuencia de acercamiento romántico en Saga

La composición de esta página ejemplifica magistralmente la esencia de la «female gaze». Observemos cómo los cuerpos de Alana y Marko se van aproximando progresivamente de una viñeta a otra, con encuadres que se cierran gradualmente hasta mostrarnos unos primeros planos de gran intensidad emocional. Lo más significativo es que los personajes se miran directamente a los ojos, estableciendo una conexión íntima que trasciende lo puramente físico.

El beso que culmina la secuencia ocupa un lugar destacado, expresando más romanticismo y complicidad emocional que deseo sexual explícito, aunque la tensión romántica ha venido construyéndose narrativamente desde mucho antes en la historia. Esta gradualidad y contexto emocional son características fundamentales de la «female gaze»: el deseo no surge como una reacción instantánea ante la exhibición de un cuerpo, sino como culminación de una conexión emocional desarrollada a lo largo del tiempo.

«Saga» demuestra que es posible crear una obra visualmente impactante, con relaciones románticas y sexuales explícitas, sin caer en los tropos limitantes de la «male gaze». El éxito comercial y crítico de la serie prueba, además, que este enfoque no solo es éticamente más inclusivo, sino también comercialmente viable y artísticamente enriquecedor. Descubre cómo crear secuencias narrativas visualmente impactantes y emocionalmente profundas aquí.

Reimaginando personajes clásicos: cuando la revisión enriquece

Un fenómeno interesante en la evolución del cómic contemporáneo es la reinterpretación de personajes femeninos clásicos originalmente concebidos bajo la «male gaze». Estas revisiones no solo actualizan la estética visual, sino que frecuentemente profundizan en la psicología y motivaciones de estos personajes, otorgándoles dimensiones que originalmente les fueron negadas.

Tomemos por ejemplo la evolución de personajes como Wonder Woman, que ha transitado desde sus primeras apariciones con vestuarios reveladores y poses sugerentes, hacia representaciones más equilibradas donde su fuerza, liderazgo e intelecto toman protagonismo. Las interpretaciones modernas de la Mujer Maravilla tienden a mostrarla con armaduras funcionales para el combate y en poses dinámicas que enfatizan su poder y determinación, no su atractivo sexual.

Otro caso notable es el de personajes como Barbara Gordon/Batgirl o Carol Danvers/Capitana Marvel, quienes han evolucionado desde roles secundarios o trajes hipersexualizados hacia representaciones donde su inteligencia, capacidad estratégica y liderazgo son centrales. Sus uniformes actuales suelen ser más prácticos y acordes a sus actividades, y sus historias exploran dimensiones personales y profesionales más allá de sus relaciones románticas.

Incluso Mary Jane Watson, el ejemplo que analizamos anteriormente, ha recibido reinterpretaciones más complejas en algunas series modernas, donde se explora su carrera como actriz, sus ambiciones personales y su relación con Peter Parker desde una perspectiva más equilibrada y madura.

Estas evoluciones no implican negar la sexualidad o el atractivo de los personajes, sino contextualizarlos dentro de personalidades complejas y multidimensionales. La belleza o el atractivo físico pueden seguir siendo atributos del personaje, pero ya no son su característica definitoria ni el centro de su representación visual.

Lo valioso de estas reinterpretaciones es que demuestran que los personajes no pierden interés o popularidad al ser tratados con mayor profundidad; por el contrario, suelen ganar seguidores que aprecian estas nuevas dimensiones narrativas. Esto confirma que el público contemporáneo está cada vez más receptivo a representaciones femeninas complejas y diversas, no limitadas por los tropos tradicionales de la «male gaze».

Herramientas prácticas para ilustradores: más allá de la teoría

Una vez comprendidos los conceptos teóricos, surge la pregunta práctica: ¿cómo podemos aplicar estos conocimientos en nuestro trabajo creativo? A continuación, presentamos algunas herramientas y consideraciones concretas para ilustradores e historietistas que deseen crear obras con representaciones más equilibradas y auténticas.

Un primer paso fundamental es desarrollar la capacidad de reconocer la «male gaze» en nuestro propio trabajo. Esto implica una revisión crítica de nuestros hábitos de dibujo, preguntándonos si estamos recurriendo a convencionalismos que objetifican a los personajes femeninos. ¿Dibujamos a las mujeres en poses imposibles para destacar simultáneamente pechos y glúteos? ¿Sus vestimentas son funcionales y coherentes con sus personalidades y actividades? ¿Las reacciones masculinas a su presencia están sexualizadas innecesariamente? Profundiza en técnicas avanzadas para crear personajes memorables más allá de los estereotipos aquí.

La diversidad corporal es otro aspecto fundamental a considerar. El mundo real está poblado por personas con una infinita variedad de tipos corporales, tonos de piel, edades y características físicas. Reflejar esta diversidad en nuestras ilustraciones no solo es más representativo de la realidad, sino que también enriquece visualmente nuestras obras y permite a un público más amplio sentirse identificado con nuestros personajes.

Respecto a las poses y la expresión corporal, es útil preguntarse: ¿esta postura es física y emocionalmente coherente con lo que el personaje está experimentando en este momento? ¿O está diseñada principalmente para la exhibición visual? Las poses que priorizan la expresividad emocional y la acción narrativa suelen resultar más dinámicas e interesantes que aquellas que solo buscan destacar atributos físicos.

En cuanto a la vestimenta, considerar la funcionalidad y coherencia con el personaje puede guiar decisiones más acertadas. Un personaje que combate regularmente necesitará ropa que permita movimiento y ofrezca protección. Una profesional en un entorno laboral específico utilizará atuendos acordes a ese contexto. Estos elementos pueden seguir siendo estéticamente atractivos y distintivos sin caer en la hipersexualización gratuita.

Finalmente, el equilibrio en los encuadres y planos utilizados resulta crucial. Evaluar si estamos recurriendo excesivamente a primeros planos de ciertas partes del cuerpo femenino sin justificación narrativa puede revelar sesgos inconscientes en nuestra manera de construir la secuencia visual.

¡A narrar con una mirada renovada!

A lo largo de este recorrido, hemos explorado la implementación, perjuicios y restricciones de la «male gaze», tanto desde el punto de vista de la recepción como desde la perspectiva artística. La conclusión es clara: abrir nuestro horizonte creativo a formas de representación más diversas e inclusivas no solo es una responsabilidad ética, sino también una oportunidad para enriquecer nuestras obras y conectar con una audiencia más amplia y diversa.

Podemos concluir que es recomendable proponer alternativas a la mirada tradicional para ampliar nuestra demografía y demostrar nuestra capacidad de actualizar el lenguaje de la historieta. El mundo del cómic está en constante evolución, y las nuevas generaciones de lectores y creadoras están impulsando cambios significativos en cómo se representan los personajes femeninos y las relaciones de género.

Este proceso no implica renunciar a la belleza, la sensualidad o el romance en nuestras historias, sino enriquecerlos con mayor profundidad psicológica, diversidad de representaciones y respeto por la integridad de todos nuestros personajes, independientemente de su género. ¿Listo para llevar tus habilidades narrativas e ilustrativas al siguiente nivel? Encuentra inspiración y recursos prácticos aquí.

Para concluir, ofrecemos algunas preguntas clave que pueden servir como guía para crear obras que propongan innovaciones e integraciones a la hora de representar y narrar:

  • ¿Quiénes serán mis personajes femeninos y cuál será su complejidad psicológica más allá de su apariencia?
  • ¿Cuáles serán sus roles en mi historia? ¿Tienen agencia propia y motivaciones que trascienden a los personajes masculinos?
  • ¿Cómo será su primera aparición y qué aspectos de su personalidad, no solo de su físico, quiero destacar inicialmente?
  • ¿De qué hablarán con otros personajes, especialmente con otros personajes femeninos?
  • ¿Qué fortalezas y debilidades tendrán que no repitan estereotipos y estigmatizaciones?
  • ¿Cómo las mostraré visualmente de manera que respete su integridad como personajes completos?
  • ¿Cómo reaccionarán los personajes masculinos al verlas, más allá de la atracción o rechazo basados en la apariencia?
  • ¿Cómo representaré sus cuerpos y en qué poses los colocaré para que expresen su esencia y no los expongan innecesariamente?
  • ¿Qué vestimenta utilizarán que sea coherente con su personalidad y actividades, evitando la cosificación gratuita?
  • Si surge una situación de tensión sexual, ¿cómo la ilustraré para que ambas partes sean participantes activos y no reproduzca el binomio conquistador/conquistada?

Estas preguntas no buscan limitar la creatividad sino expandirla, invitándonos a explorar territorios narrativos y visuales que quizás no habíamos considerado anteriormente. La diversificación de miradas y perspectivas solo puede enriquecer nuestro medio y hacerlo más relevante para el mundo contemporáneo.

Con estas reflexiones como punto de partida para la creación y la ilustración, descubre herramientas y recursos que te inspirarán a crear personajes genuinos y auténticos. Es tu turno de narrar con una mirada renovada, consciente y enriquecedora.

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